Hace unas semanas que tengo ganas de contar lo que me pasó en un viaje. No lo hice por falta de tiempo, desgano, tal vez me había olvidado de que contaba con este medio de expresión, que debo decir, es maravilloso poder compartir fragmentos de mis ocurrencias con quien tenga ganas o tiempo para leerlas.
Vuelvo a la anécdota poco feliz, y no por eso deja de ser graciosa.Estaba viajando en colectivo a la ciudad de Rafaela, el micro se rompe, por lo que todos los pasajeros y los chóferes tuvimos que esperar a que llegue otro vehículo para continuar el viaje.
Una vez que estacionó el nuevo coche, nos ubicamos en los lugares que encontramos. Yo me senté sola, porque por suerte había asientos de sobra. Cuando estaba por arrancar el colectivo, un hombre pidió que lo llevaran. Le cobraron el pasaje y subió tambaleando las escaleras. Agarrándose de los asientos, decide sentarse al lado mio.
Cuando se sentó, un aroma a alcohol invadió mi nariz, lo miré sin decir nada. Él me devolvió la mirada rió y se durmió.
Pasaron alrededor de cinco minutos y el señor comenzó a vomitar, justo arriba de mis zapatillas!!! En ese momento sentí mucho asco y bronca, pero el señor no tenía la culpa, ni siquiera entendía qué estaba pasando.
Inmediatamente, le pedí que me dejara pasar y me cambié de lugar. La persona que estaba al lado mio esta vez me hizo cara de asco a mi, y mantuvo esa cara hasta llegar a destino.
Fue un viaje bastante incómodo, desde ahora busco asientos que ya tengan acompañante sin olor a alcohol, ni caras pálidas.
miércoles, 12 de mayo de 2010
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